Cada 7 de agosto miles de fieles se congregan en la iglesia de Liniers para honrar al patrono del pan y el trabajo. La vida del hombre que se convirtió en uno de los santos más amados por creyentes argentinos.

 

Patrono del pan y del trabajo, el sacerdote dedicó su vida a las personas enfermas y vulnerables, fundó hospitales, hogares de ancianos y renovó el trabajo misionero de los sacerdotes.

Nacido en Vicenza el 1 de octubre de 1480, Cayetano de Thiene fue un presbítero italiano, último de los tres hijos del conde Gásparo di Thiene y la condesa María Da Porto.

Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos junto con el obispo Juan Pedro Caraffa, fue beatificado en 1629 por el Papa Urbano VIII y canonizado en 1671 por el papa Clemente X, llegando a ser conocido como el Santo de la Providencia, patrono del pan y del trabajo.

A los 25 años, Cayetano fue nombrado protonotario apostólico en la corte del papa Julio II, en Roma, desde donde colaboró con la reconciliación de la Santa Sede con la República de Venecia. Siete años más tarde, se retiró de la vida cortesana y fundó el Oratorio del Amor Divino, una sociedad de sacerdotes y prelados. Dos años después, a los 35, fue ordenado sacerdote.

Dedicado a servir a los más vulnerados, el religioso buscó a través de los Clérigos Regulares renovar el espíritu y la labor misionera de los sacerdotes, fundó la organización de beneficencia Monte di Pietà, abrió hogares de ancianos, creó hospitales y atendió en persona a los más necesitados.

Cayetano murió el 7 de agosto de 1547, fecha que originó las celebraciones en su honor. En Argentina, previo a ese día, miles de peregrinos se apostan en las afueras del templo ubicado en el barrio porteño de Liniers con ofrendas y estampas.

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