Lo sostuvo Goldman Sachs. Otros analistas creen que el Gobierno no reúne las condiciones y deberá aceptar más condicionalidades. Mas detalles aqui...

La intención de la Argentina de conseguir una línea de crédito flexible por USD 30.000 millones no será un camino de rosas, ni mucho menos. Así surge de las evaluaciones que comenzaron a realizar en bancos de inversión y también analistas que siguen de cerca este tipo de negociaciones.

Si la misión que arrancó hoy el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, no consigue ese préstamo, deberá optar por otro tipo de facilidad financiera, pero que supone muchas más condicionalidades del organismo.

Uno de los que alertaron sobre este punto fue Alberto Ramos, economista jefe para mercados emergentes de Goldman Sachs, pero que además trabajó en el FMI hasta el 2002.

"La línea de Crédito Flexible tiene condiciones muy favorables y está diseñada para países con una situación económica sólida y con el compromiso de continuar en ese camino. Pero realmente no está claro que la Argentina encaje en esa descripción", expresó. Y continúa indicando que "si bien el Gobierno ha mostrado compromiso por implementar políticas de mercado, difícilmente se pueda argumentar que tiene fundamentos económicos sólidos".

La línea de Crédito Flexible (FCL por sus siglas en inglés) fue implementada por el Fondo como una opción para países que no tienen apremios económicos. Y está pensada como una cobertura en caso de que se produzca un cambio repentino en las condiciones económicas. México y Colombia, por ejemplo, la suscribieron pero nunca giraron un solo dólar pese a tener los recursos disponibles.


Alternativa "stand-by"

La alternativa sería acceder a otro tipo de financiamiento, no tan flexible pero al mismo tiempo sin tantas exigencias como los clásicos "stand-by". Se trata de la denominada Precautionary and Liquidity Line, o PLL. Algo así como "Línea de Liquidez Preventiva" que en 2014 fue otorgada a Marruecos. Según el propio Fondo, está diseñada para países que requieren de dinero fresco, pueden mostrar una economía sólida, pero aún enfrentan situaciones de vulnerabilidad económica. Incluso se refiere concretamente al efecto negativo que pueden producir "shocks externos".

La descripción de esta línea es mucho más acorde a la situación que atraviesa la Argentina. Pero tiene dos escollos: va de la mano de más condicionalidades y es casi imposible que el país pueda acceder a USD 30.000 millones a través de este tipo de préstamos.

El problema de la economía argentina es que ya se encuentra en una situación de crisis, por lo que en teoría no aplicaría para acceder a la FCL. La gran pregunta es si el FMI hará esta vez la "vista gorda" y pondrá los dólares a disposición. El ex titular del BCRA y miembro del Fondo, Mario Blejer, la describió como una suerte de tarjeta de débito, ya que el país tiene el dinero disponible y lo puede girar cuando desee. Este tipo de préstamos prácticamente no tiene condicionalidades, por eso se reserva para aquellos países con condiciones muy sólidas.

La firma de inversiones Exotix se pronunció en la misma dirección. En un artículo publicado por la agencia Bloomberg, indica que "Argentina no califica en ninguna de las condiciones exigidas por el FMI para otorgar esa facilidad crediticia". Y enseguida continúa diciendo: "Pensamos que el Gobierno favorecerá este préstamo que otro del tipo stand-by, porque políticamente resultaría inaceptable".

El ex secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, opinó igual en una entrevista con FM Milenium: "Argentina no califica para la línea de Crédito Flexible y pienso que el Fondo tampoco se la va a otorgar. Tendrán que pasar por los técnicos y también por el directorio, donde hay países con posiciones siempre muy duras como Holanda e Irlanda, que además no son parte del G20". Así, el economista advirtió que no alcanza con la buena voluntad que puede haber expresado la número uno del FMI, Christine Lagarde, cuando visitó el país.

La discusión, en todo caso, es si el Fondo está dispuesto a poner a disposición de la Argentina unos USD 30.000 millones sin pedir ninguna garantía a cambio. Por ejemplo, exigir un ajuste fiscal más rápido, cambios en la política monetaria para bajar la inflación o incluso reformas estructurales pendientes, como la del mercado laboral.

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