El gobernador, acompañado por Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, recorrió el Centro Peres para la Paz y la Innovación, creado en homenaje al histórico presidente de Israel. Seguir leyendo...

Axel Kicillof dejó las valijas en el hotel King Davis de Jerusalén, se subió al auto oficial de la embajada argentina y partió hacia Tel Aviv, mientras que en La Plata sus principales asesores terminaban de ajustar el comunicado oficial que reconocía la derrota política y financiera frente a los bonistas que se negaron aceptar la postergación de un pago que vencerá en setenta y dos horas.

El gobernador bonaerense propuso a sus acreedores honrar esa deuda recién el primero de mayo y los tenedores de los bonos contestaron que no ante la ausencia de un “edulcorante” que sirviera para atenuar los costos de la inesperada postergación del pago de un porcentaje de capital prevista para el 26 de enero.

La agenda de Kicillof en Israel es liviana y se va armando con el correr de las horas. El gobernador está concentrado para evitar una caída en “default selectivo” y no le preocupaba cumplir con una sucesión de visitas protocolares en Tel Aviv. Pero su presencia aquí -en plena negociación con los bonistas- llamó la atención y quedó enfocado por todas las luces del escenario.

El Centro Peres para la Paz y la Innovación fue creado en 1996 y lleva el nombre de un presidente israelí clave para entender la evolución histórica y geopolítica de Medio Oriente. Está presidido por Chemi Peres, hijo de Simon, un inversor financiero que mueve perfecto en Israel y con mucha comodidad en el mundo árabe.

A la hora que ya había asumido la derrota frente a los bonistas de Buenos Aires, Kicillof llegaba al Centro Peres junto al secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz. El secretario conoce la situación en Medio Oriente y se sumó sin dudar cuando el gobernador comentó adonde iba tras arribar desde Roma.

Alberto Fernández llegó a Jerusalén para participar del Foro Mundial que rinde homenaje a las víctimas del Holocausto ejecutado por Adolfo Hitler, y esta noche (hora de Israel) había sido invitado a la cena de Estado que se organizaba en honor a los líderes mundiales que mañana son protagonistas del tributo a los millones de judíos que fueron asesinados en los campos de concentración y exterminio.

Durante todo el vuelo desde Buenos Aires a Tel Aviv, se lo observó a Kicillof tranquilo y explicando que estaba en un avión de Alitalia en lugar de fatigar los teléfonos en La Plata porque se trataba de una invitación presidencial y porque pensaba que tenía todo bajo control. Hasta hoy en la escala en Roma, el gobernador bonaerense defendía su estrategia política financiera y juraba que al final del camino ganaría la partida.

Pareciera que Kicillof es un optimista por naturaleza. Ya decidió que posterga hasta el 31 de enero el plazo concedido a los bonistas para que acepten su propuesta de cancelar el pago de capital recién el primero de mayo. En este contexto, si el gobernador no ofrece mejores condiciones, se enfrenta a dos opciones contrapuestas: paga o podría caer en “default selectivo”.

En Tel Aviv, mientras visitaba el Centro Peres, se lo vio distendido y sonriente.

 

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