En el organigrama del gobierno de Alberto Fernández se encuentra tres veces el apellido Cafiero. Santiago es jefe de gabinete; Francisco, secretario de Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa, y Mario está al frente del INAES. Se trata de dos nietos y un hijo Antonio Cafiero, quien fue el ministro más joven de los primeros gobiernos de Perón, gobernador de la Provincia de Buenos Aires y precandidato a la presidencia de la Nación. Seguir leyendo...

Sí somos muchos... mis abuelos, sus 10 hijos, 39 nietos y perdimos la cuenta de los bisnietos -dice Francisco Cafiero, flamante secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa a Infobae-. Mi abuela, que falleció en el 94, era una abuela muy atenta, la primera en estar para los cumpleaños”.

Su abuelo, Antonio Francisco Cafiero nació en San Isidro en 1922 y fue un protagonista de la política argentina durante siete décadas. Ana Goitía lo conoció en la Acción Católica antes de que Antonio se recibiera de contador y que empezara su carrera en el peronismo, con el nacimiento de ese movimiento el 17 de octubre de 1945. Cafiero ya había hecho sus primeros pasos como dirigente estudiantil y, dos años después de que Juan Domingo Perón asumiera la presidencia, era convocado para ser consejero financiero en la embajada argentina en Washington.

“Los dos primeros hijos de mis abuelos nacieron en el hospital George Washington –dice Francisco Cafiero-. Ana Luisa y José Antonio, mi padre. Cuando Antonio estaba en la embajada se carteaba con Perón. No solo lo hacía para dar los números de la balanza comercial entre los dos países sino que también le hablaba del rol que empezaba a jugar el FMI. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era el 50 por ciento del Producto Bruto Industrial del mundo”.

El ministro más joven de Perón

Después de tres años en la gran potencia del norte, en plena Guerra Fría, Antonio Cafiero volvió a la Argentina y, cuando Perón asumió su segunda presidencia –el 4 de junio de 1952-, con 30 años, se convirtió en el ministro más joven, al frente de la cartera de Comercio Exterior. Un año después nació Juan Pablo. “El padrino de Juampi fue Perón”, cuenta su sobrino Francisco quien, años después pasó una década en Estados Unidos, donde completó sus estudios secundarios y realizó licenciaturas en Relaciones Internacionales y Geografía.

“La Argentina debía equilibrar lo interno con lo externo” y así llegó la restricción al consumo interno de trigo para poder exportar ese grano, cuando las cosechas eran malas y la mayoría de los dueños de las grandes extensiones de tierra militaban en el antiperonismo.


Los vínculos del gobierno de Perón con la Casa Blanca eran frágiles. La lucha entre las grandes potencias hacía muy delicada “la Tercera Posición” justicialista. Y las relaciones con la Iglesia Católica iban en declive hasta que estalló con la sanción de la ley de divorcio vincular en 1954.

Cafiero siguió un tiempo más al frente de Comercio Exterior “pero se empieza a distanciar. En 1955 renuncia al cargo pero no se aleja”. Ya estaba fuera de la función pública cuando, el 16 de junio, la aviación naval y algunos miembros de la Aeronáutica bombardearon la Plaza de Mayo, donde murieron más de 300 personas.

“Mi abuelo fue a verlo a Perón inmediatamente después de eso”, cuenta Francisco Cafiero. Dos meses después de la masacre, se consumó el golpe de Estado y Perón partió al exilio. El peronismo fue proscripto y, pocos años después, Cafiero fue nombrado coordinador del Movimiento Nacional Justicialista por Perón desde Madrid.

Diferencias por la Iglesia

“Cuando tuve que renunciar al ministerio de Comercio Exterior –escribió el propio Antonio- en abril del ’55, fue muy duro. Yo no estaba de acuerdo con la política de Perón respecto a la Iglesia. Tuve largas charlas con él, que no había que pelearse con la Iglesia, que se peleara en todo caso con algunos obispos que nos estaban haciendo la contra. Tuvimos una discusión y ese fue el día más amargo para mí porque, por un lado sentí que estaba defraudando al peronismo y a Perón, y por el otro lado sentía que si no hacía eso estaba defraudando mis convicciones más íntimas”.

Cafiero había dejado el gobierno días antes de que la escalada con la Iglesia llegara al punto más álgido. El obispo Manuel Tato y el canónigo Manuel Novoa habían estado al frente de la procesión de Corpus Christi del 11 de junio de 1955, una marcha abiertamente a favor de la destitución de Perón. Cinco días después se produjo el bombardeo a la Plaza de Mayo y por la noche fueron incendiadas una docena de iglesias católicas. Tato y Novoa fueron expulsados del país. El Vaticano le hizo la cruz a Perón a través de una declaración ambigua, que decía que quien impidiera la actividad de un obispo era excomulgado de modo automático.

Casi ocho años después, en febrero de 1963, cuando Perón estaba en Puerta de Hierro, por instrucción del papa Juan XXIII, el arzobispo de Madrid recibía en persona a Perón y, ante el pedido de perdón del General, se daba por cerrado el capítulo de la pelea con la Iglesia.

La gobernación de Buenos Aires

El matrimonio Cafiero completó con cinco hijos y cinco hijas su descendencia sin que Antonio dejara de seguir a Boca Juniors y de ser parte central del peronismo. La derrota en las urnas de la fórmula Ítalo Luder–Deolindo Bittel en octubre de 1983 fue el impulso para que Cafiero encabezara -junto con Carlos Menem y Carlos Grosso- la Renovación Peronista en 1987 y ganara la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

En ese gobierno lo acompañó su hijo Mario y por esos años, otro de sus hijos, Juan Pablo, fue diputado nacional. Sin ocupar ningún cargo, una presencia permanente en la gestión de Cafiero en la gobernación fue la de su mujer, Ana Goitía. “Casi era parte del gabinete de Antonio, tenía peso en muchas decisiones, sobre todo con las que tenían que ver con la asistencia social”, recuerda una alta funcionaria del Ministerio de Salud provincial en esos tiempos.

En la Navidad de 1987, hubo disturbios en un pabellón de la unidad 1 Lisandro Olmos y la represión del Servicio Penitenciario Bonaerense produjo la muerte de un detenido. Cafiero había asumido la gobernación dos semanas antes y Luis Brunati, como ministro de Gobierno, tenía en su órbita a la Bonaerense y al Servicio Penitenciario. Militante de la tendencia revolucionaria de los 70, Brunati no tenía buena prensa en esas dos instituciones. Puso en marcha el “Proyecto Olmos”, con la idea de hacer de esa cárcel -sobrepoblada y plagada de corrupción- un penal decente. Dado que no había fondos públicos, Brunati contó con Ana Goitía y con su propia esposa, Elena Murgiondo, para recaudar fondos con ese destino y promover la reinserción social de los liberados.

La trágica parábola de aquel proyecto estalló el 7 de mayo de 1990. Ya no estaba Brunati como ministro de Gobierno, pero “el pabellón especial”, impulsado por su esposa y la del gobernador, fue incendiado de modo intencional. Murieron 33 presos que estaban en la etapa intermedia de readaptación como parte del “Proyecto Olmos”.

Más de 20 años después, en 2011, Francisco Cafiero fue funcionario de Daniel Scioli. “Tuve la suerte -cuenta- de recibir el sentimiento de afecto por mi abuela que tenía mucha de la gente de carrera de la gobernación. Ella hizo un trabajo muy importante en las cárceles, se ocupaba personalmente de que muchos de los liberados encontraran trabajo, tuvieran reinserción social. Incluso, en la cárcel de Olmos se creó un centro de estudios que lleva el nombre de mi abuela”.

“Ponga primera y prepare la marcha atrás”

En mayo de 2019, Cristina Kirchner anunció que sería la candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández. Un mes después nacía el Instituto Cafiero, una iniciativa de unas 15 universidades nacionales que comenzó a funcionar en la sede de la Universidad Metropolitana por la Educación y el Trabajo, cuyo rector era el actual ministro de Educación Nicolás Trotta. Mario Cafiero fue nombrado presidente del Consejo Asesor del instituto.

Los años de la Renovación Peronista de 1987, dentro del peronismo, fueron recordados como “la Cafieradora”. Tres décadas después, y a cinco de su muerte, la figura de Antonio vuelve a renovar el peronismo. En busca de un acercamiento Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández, Sergio Massa y muchos otros peronistas distanciados y enfrentados entre sí, encontraron la figura de Cafiero como un paraguas para una etapa nueva. Las PASO de agosto, pusieron a ese nuevo entendimiento del kirchnerismo – peronismo en punta hacia el poder.

“Pragmatismo”, dice Francisco Cafiero a Infobae y menciona un diálogo mantenido entre su abuelo y Perón cuando éste lo puso al frente de Comercio Exterior. Perón le hizo una serie de preguntas a Antonio sobre sus planes con sus jóvenes 30 años. “Al final, mi abuelo le preguntó ‘¿qué le parece?’ y Perón le contestó: ‘Me parece muy bien, ponga primera pero tenga preparada la marcha atrás”.

Tres Cafiero y un Alberto

“Cada uno de nosotros tiene su propio recorrido”, advierte Francisco Cafiero para explicar la presencia de ese apellido en tres lugares del nuevo gobierno.

Santiago es hijo de Juan Pablo, que tuvo un extenso recorrido. En 1989, cuando Antonio era gobernador, fue electo diputado nacional y formó parte del “Grupo de los ocho”, enfrentado al menemismo. Luego fue ministro de Desarrollo Social durante el gobierno de la Alianza y muchos años después Cristina Kirchner lo designó embajador en el Vaticano.

Su hijo Santiago empezó su militancia a los 15 años en el peronismo y es politólogo egresado de la UBA. Es una figura central en el esquema de Alberto Fernández como jefe de Gabinete.

Mario Cafiero, ingeniero, quien militó durante años junto a Fernando “Pino” Solanas en Proyecto Sur, fue designado al frente del INAES, el organismo que está al frente de las cooperativas.

En cuanto a Francisco, a los 22 años volvió a la Argentina con una formación académica y la idea de incorporarse a la política. Estuvo en la gestión con Daniel Scioli, milita en el peronismo porteño y enseña en la Universidad de Lanús. Agustín Rossi, cuando armó su equipo para el Ministerio de Defensa, lo nombró secretario de Relaciones Internacionales.

-¿Qué significa llamarse Cafiero?

-Ante todo es mi apellido. No pienso en otras cosas. Eso sí, entiendo que tiene un peso grande. Es un apellido muy respetado. Hay que saber honrarlo.

 

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