El diario deportivo Olé publicó una serie de notas en su página donde elogió al estadio riojano que fue escenario del partido Argentina vs EEUU por la clasificación al mundial de basquet de China 2019. Además, hizo mención del aliento y la buena predisposición del público riojano.

A días de la bochornosa final de la Copa Libertadores entre River y Boca, que terminó con jugadores lastimados tras un ataque al micro xeneixe cuando se dirigía al estadio Monumental, el diario deportivo Olé resaltó la organización del partido entre Argentina y EEUU que se jugó el jueves por la noche en el SuperDomo y el comportamiento del público riojano, que alentó a la Selección en paz como debe ser y sin provocar desmanes.

A continuación reproducimos las dos notas completas del enviado especial de Olé, Marcelo Nogueira, tituladas "Da gusto ir a la cancha" y "El folclore de la ventana".

Da gusto ir a la cancha

El Súper Domo de La Rioja, donde jugó la Selección, es un estadio de primer nivel. ¡Una joyita!

No es un estadio como los de la NBA porque la capacidad llega a 10.000 espectadores (crece a 13.000 para espectáculos no deportivos) pero las distintas comodidades para los espectadores y los protagonistas del juego son bien parecidas De un año a esta parte, tras el partido de Argentina-Paraguay, por la primera ventana FIBA, se mejoró el sistema lumínico (a pedido de las cadenas de televisión); ya no hubo necesidad de alquilar el piso del Orfeo de Córdoba y ahora es propio; se compraron las jirafas rebatibles y se reacondicionaron los vestuarios según la necesidad de las delegaciones deportivas.

Denominado formalmente multiespacio cultural Súper Domo, está ubicado entre la Avenida Circunvalación y Avenida de Los Nogales, en el Parque de la Ciudad, a unos 10 minutos del centro de la capital provincial: es un orgullo para los riojanos.

Seguramente, por lo menos hasta que el estadio del Parque Roca tenga vida propia y actividad constante, el Súper Domo riojano es el mejor estadio cubierto del país para la práctica del deporte.



Nació por un decreto de “necesidad y urgencia” del 8 de agosto del 2013 que firmó el por entonces gobernador de la provincia, Luis Beder Herrera, y la obra estuvo a cargo de la arquitecta Alba Patricia Bustos, quien también fuera funcionaria pública de esa gestión.

Beder Herrera, en esa oportunidad, destinó una partida inicial para el comienzo de la construcción (se hizo sin licitación) de $50.000.000, unos 9.100.000 dólares al valor de entonces.

La superficie cubierta es de 8.300 metros cuadrados, se destaca la cúpula vidriada -tiene una altura de 46 metros desde su punto más alto hasta el piso-, el amplio espacio para estacionamiento (8.000 autos) y las mejoras que le fueron haciendo desde su inauguración formal, en el 2015, de la que participaron Beder Herrera y el actual gobernador, Sergio Casas.

En definitiva, un lujo, en La Rioja, tan lejos de las luces de la capital de nuestro país hay una joyita.

El folclore de la ventana

En La Rioja hubo un clima bárbaro: estadio lleno, seguridad a la perfección y un disfrute enorme.

Organización perfecta. Parece raro. Posiblemente tenga que con la pasividad del riojano medio, que hace innecesario un operativo policial de 250 efectivos, entre hombres y mujeres.

Los poli miran, siguen atentos cada movimiento de los espectadores, que no se amontonan para ingresar por cada uno de los cuatro accesos. Una de las oficiales informa que “al no haber venta de alcohol es todo más tranquilo”.

Los baños muy limpios, los acomodadores amables, cada detalle cuidado, en el marco del confort de un estadio que ya fue descripto.



También hay desfile de parentela de los jugadores, en donde se destacan los cuatro hijos de Luis Scola y su esposa: los dos más grandes son una replica del capitán. Por ahí también sufre Mario, su padre, quien fuera jugador en los 70 y los 80.

Ramón Hernández. ¿Lo recuerdan? El secretario privado durante la presidencia de Carlos Menem, es otro de los bien acomodados en la platea. Hernández fue jugador del seleccionado de La Rioja en el Campeonato Argentino de 1974, y también integró algún plantel de San Lorenzo, cuando se radicó en la Capital. Concurrente asiduo a los partidos de Miami Heat “no me podía perder un Argentina frente a Estados Unidos en mi provincia”, le dijo a Olé.

Hay otro encuentro casual de ex jugadores setentosos y un reproche que tardó 40 años en hacerse cara a caro. Un histórico del básquet norteño, Pedro César Figueroa, la Checha, que dice "nací en Salta, me crié en Jujuy y me eché a perder en Tucumán” se encontró con Claudio Villanueva, representante de jugadores.

“Vos me pegaste una piña y me rompiste la nariz, en un partido en Tucumán, cuando vinimos con Ferro”, le reclamó Villanueva. “Claudito, no me acuerdo, pero igual disculpame”, le respondió la Checha, detrás de sus bigotes mexicanos, pelo blanco como hippie de los 60. Y se abrazaron.

Tampoco faltó el folklore, en un ambiente relajado, apenas alterado por los vaivenes del resultado.

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