Angel Di María:"Cuando tenía 15 y todavía no había crecido, había un técnico que estaba bastante loco. Le gustaban los jugadores muy físicos y agresivos, y ese no era demasiado mi estilo. Un día, no salté en un córner y al terminar el entrenamiento, nos juntó a todos y me dijo: ‘Sos un cagón, sos un desastre. Nunca vas a llegar a nada. Vas a ser un fracaso’. Me destruyó. Antes de que terminara de hablar, yo ya me había largado a llorar delante de todos mis compañeros y me fui de la cancha corriendo.

Cuando llegué a mi casa, mi mamá se dio cuenta de que había pasado algo, porque cada vez que volvía de un entrenamiento, lo primero que hacía era dejar las cosas y salir a la calle a seguir jugando a la pelota. Le dije que quería dejar el fútbol. Al otro día no podía ni salir de mi casa, no quería ir al colegio. Me sentía humillado. Pero mi mamá me dijo: ‘Vas a volver, Ángel. Vas a volver hoy. Y a ese le vas a demostrar’.
Volví al entrenamiento ese día y ahí pasó una cosa increíble. Para empezar, ninguno de los chicos se burló de mí, al contrario, me ayudaron. Los defensores me dejaban ganar de cabeza y casi que se aseguraban de que me sintiera confiado. Siempre me voy a acordar de ese día, porque si no fuera por mi mamá, habría dejado el fútbol".
Desde chico Ángel Di María está acostumbrado a las críticas, pero siempre las batalló y calló más de una boca. Las vueltas de la vida hacen que, en sus últimos partidos con Argentina, logró su merecido reconocimiento.